El día en sí no era especial.

Pasé un dia horrible en el despacho, trabajando como una naranja (exprimida, quiero decir, claro) y solucionando tantos marrones como tonalidades pueda tener.

No sirvió de nada recibir el sobre con el dinero en negro que recibo cada mes por los servicios realizados en esta empresa chupa-sangre.

Ese día hizo mucho frio, al parecer un viento Siberiano helaba la ciudad, empezando por mis ilusiones, como era de esperar.

Y llegué a casa... no recuerdo lo que hice, supongo que no sería interesante ni trascendente... a decir verdad, hace mucho tiempo que no creo que haga nada interesante ni trascendente, y continuando con la verdad, no creo que mi vida en si sea interesante ni trascendente.

Y por la noche, volví a meterme en la cama, y a dar mil vueltas por que no podía dormir... seguramente por que me encontraba sola y vacia, por que simplemente nadie me habia dicho buenas noches... nadie rezó a Dios (o cualquier divinidad similiar) para que esa noche cuidara de mi y de mi tranquilidad...