Situacion...

Hace un par de semanas,

en el cine.

con mi hermano pequeño (que tiene 5 años),

viendo la peli de Spiderwicks.

El cine lleno de gente.

Mi hermano muerto de miedo

Todo el mundo callado.

Y justo en el momento que se crea el silencio más absoluto,

el enano se levanta de su butaca y dice:

"Que mamá! ¿Con que no era de miedo, eh?

Siguió la peli...

Mi hermano cambió su butaca para sentarse en mis piernas

y de vez en cuando me pedía que le tapara los ojos.

Cuando acabó salta mi hermano y me dice:

"-Tati, de esta peli no quiero ni el juego..."

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Y toda esta historía (basada en hechos reales sucedidos el 23/03/08), me sirve para recordar la ingenuidad de algunos niños, que hablan sin pensar en consecuencias o en el que dirán... y ni siquiera planean decir algo a alguien en un momento determinado... simplemente lo sueltan y ya está.

Hay algunos que seguimos siendo así... yo por ejemplo... que no pienso lo que digo (por que creo que si lo he pensado, no tengo que arrepentirme).

Mirar a los niños... no se arrepienten de decir lo que dicen, ni siquiera se plantean si es un buen momento ni nada de eso, y las cosas no les van mal.

En cambio los adultos... que durante 20 días están pensando si decir algo o no, se plantean el momento (hay algunos que preparan "algo" para decirlo), crean el ambiente adecuado, piensan una y mil veces las palabras que van a decir... y al final... siguen quejandose de que no todo ha salido bien.

¿No nos iría bien a todos esa ingenuidad y falta de conciencia al hacer según que cosas?

¿Qué tal si recuperáramos nuestra infantilidad para afrontar las situaciones adultas?

Sí, está bien... todo el mundo nos miraría como nos miraron a mi hermano y a mi cuando encendieron las luces del cine... pero... nadie hizo ningún gesto desagradable, nadie cuchicheó a nuestra espalda y lo que se limitó a hacer todo el mundo fué a sonreir... y pensar.